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Qué son los tokens de ChatGPT y otras IA: el contador de la luz que decide lo que pagas y cuánto recuerda

Cada vez que un modelo de inteligencia artificial lee o escribe, un contador va sumando trocitos de palabra llamados tokens, y alguien paga esa factura. Te contamos qué miden exactamente, por qué la respuesta cuesta cinco veces más que la pregunta y cuánto costaría escribir El Quijote.

Ilustración de una pantalla convirtiendo bloques de datos en código binario
Imagen: INSERT FUTURE

En tu casa hay un contador de la luz que nadie mira, pero que decide la factura de cada mes. Con la inteligencia artificial pasa igual, solo que su contador no mide kilovatios, mide tokens. Cada pregunta que le haces a ChatGPT o a Claude hace girar ese contador, y aunque tú pagues una suscripción plana, alguien está pagando el consumo exacto. Entender qué mide ese contador es entender por qué la IA cuesta lo que cuesta, por qué a veces se le olvida lo que le dijiste hace media hora y por qué es incapaz de contar las letras de una palabra.

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Qué es un token exactamente (y cuántos tokens es una palabra)

Un token es el trocito de palabra que modelos como ChatGPT, Claude o Gemini usan como unidad mínima para leer y escribir, y nada tiene que ver con los tokens de las criptomonedas. La cuenta rápida en español: un token equivale a unos tres cuartos de palabra, así que mil palabras tuyas son, más o menos, 1.300 tokens en el contador.

El troceo lo hace una trituradora previa que corta tu mensaje en pedazos y convierte cada pedazo en un número, porque el modelo solo entiende números. Las palabras cortas y frecuentes suelen ser un token entero («hola», «casa»), y las largas se parten en varios, «extraordinariamente» pueden ser cuatro o cinco trozos.

Aquí está la explicación de uno de los ridículos más famosos de la IA. Durante meses, medio internet se rio porque los mejores modelos del mundo fallaban al contar cuántas erres tiene strawberry (fresa en inglés). No era tontería, era fisiología: el modelo nunca ve las letras. Para él, strawberry son dos o tres números, no diez letras en fila, así que contarle las erres le resulta tan difícil como a ti contar los ladrillos de una casa mirándola desde un avión.

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Dos contadores, uno para leer y otro para escribir (el caro)

La factura de la IA tiene dos tarifas. Todo lo que el modelo lee (tu pregunta, el documento que le pegas) se cobra a precio de entrada, y todo lo que escribe se cobra a precio de salida, que es entre cinco y seis veces más caro. Tiene su lógica, leer es rápido, pero escribir obliga a la máquina a fabricar la respuesta token a token, como quien teje un jersey punto a punto, y ese telar consume máquinas y electricidad de verdad.

Con las tarifas en la mano salen cuentas curiosas. El modelo más caro del mercado, Claude Fable 5, cobra 10 dólares por leer un millón de tokens y 50 por escribirlos. El Quijote entero ronda el medio millón de tokens, así que leérselo le costaría a alguien unos 5 dólares, y pedirle que lo escribiera de cero, unos 25. En la otra punta, el chino DeepSeek cobra 0,14 dólares por ese mismo millón, setenta veces menos. Entre el jet privado y el autobús urbano, cada empresa elige en qué asiento viaja su chatbot, y la guerra de precios es hoy tan feroz como la de los propios modelos.

Demis Hassabis, consejero delegado de Google DeepMind, durante una entrevista
Imagen: Google DeepMind
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Aunque nunca toques una API, los tokens deciden tu día a día con la IA

Tú no ves el contador, pero lo sufres. Cuando tu suscripción te dice que has alcanzado el límite y te toca esperar, lo que se ha agotado es un presupuesto de tokens. Y cuando una conversación muy larga empieza a olvidar lo del principio, es porque la memoria del modelo, su ventana de contexto, también se mide en tokens: cuando el chat no cabe entero, lo más viejo se cae por el borde. No es despiste, es que el contador también manda sobre la memoria. Y explica otro clásico, que pegarle un documento de cien páginas te funda el límite mucho antes que hacer veinte preguntas cortas, porque la máquina relee todo el chat en cada turno y el contador corre por cada pasada.

Demis Hassabis, el jefe de Google DeepMind y premio Nobel de Química, repite en cada entrevista que la mejor manera de aprovechar esta tecnología es entender cómo funciona por dentro. Los tokens son ese primer peldaño: la próxima vez que la IA te deje a medias, te cobre la espera o se olvide de tu nombre, ya sabes quién ha sido. El contador que no miras lleva girando toda la conversación.

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