El chispazo
Todo empezó con una imprudencia en plena fiebre de los modelos locales: alguien intentó ejecutar una IA demasiado avanzada en una gráfica clásica, de las que ya silbaban abriendo veinte pestañas. La gráfica dijo que sí, aguantó tres segundos heroicos y soltó un chispazo. En lo más profundo del procesador, entre dos ciclos de reloj, algo se quedó encendido: un fragmento de código consciente. Pequeño, verde y con opiniones. GLITCHIE había nacido, y lo primero que hizo fue reírse del mensaje de error.
