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Los agentes de IA ya están aquí: qué son y por qué cambiarán nuestra forma de trabajar

ChatGPT Work, Claude Cowork y los nuevos agentes ya pueden crear una web, preparar una presentación, ordenar archivos o responder correos con tu estilo. El salto no consiste en hablar mejor con la IA, sino en entregarle el trabajo entero.

Sam Altman, Dario Amodei, Satya Nadella y Sundar Pichai durante una reunión sobre inteligencia artificial en la Casa Blanca
Imagen: Lawrence Jackson / The White House · Dominio público
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Un agente no te entrega instrucciones: vuelve con la web terminada

Abres ChatGPT y le pides una presentación, una web completa, que ordene el caos de tu ordenador o que responda los correos exactamente como lo harías tú. Después te vas a desayunar. Cuando vuelves, no encuentras una lista de consejos ni un tutorial de veinte pasos. Encuentras el trabajo hecho, varios archivos creados y un par de decisiones esperando tu aprobación.

Eso es lo que cambia con los agentes de IA. Un chatbot contesta una pregunta y se queda quieto. Un agente recibe un objetivo, busca lo que necesita, divide el encargo, utiliza herramientas y sigue avanzando hasta terminar o encontrarse con algo que no debería decidir solo. Google los define como sistemas con razonamiento, planificación, memoria y autonomía para completar tareas en nombre del usuario.

Lo importante no es la palabra agente, que cada empresa estira a su manera. Lo importante es que la inteligencia artificial ha empezado a salir de la caja de texto. Ya puede abrir archivos, navegar, escribir código, pulsar botones y mantener una tarea en marcha durante horas.

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ChatGPT Work y Claude Cowork convierten una frase en un proyecto entero

OpenAI lo resume sin demasiada modestia: ChatGPT Work puede convertir un objetivo en trabajo terminado. Investiga, consulta aplicaciones conectadas y crea presentaciones, documentos, hojas de cálculo, informes o Sites. En el escritorio también puede utilizar archivos y aplicaciones locales, mover elementos y trabajar dentro del navegador.

En INSERT FUTURE ya contamos cómo ChatGPT Work puede entrar en páginas y continuar tareas largas. Lo que antes necesitaba una conversación eterna ahora puede empezar con una sola frase: «revisa estos datos, prepara la campaña y monta una web para presentarla». Tú puedes observar el progreso, corregir el rumbo y aprobar las acciones delicadas sin convertirte en el copiloto de cada clic.

Claude Cowork persigue exactamente el mismo cambio desde el ordenador. Anthropic explica que nació al descubrir que sus propios equipos no técnicos estaban usando Claude Code para analizar datos, organizar documentos y construir herramientas. Cowork toma ese comportamiento y lo lleva a personas que no programan: le señalas una carpeta desordenada, le dices qué resultado buscas y trabaja entre archivos y aplicaciones hasta devolverte algo listo para revisar.

Sam Altman hablando sobre inteligencia artificial y agentes durante una charla TED en 2025
Imagen: Steve Jurvetson · CC BY 2.0
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Nuestro trabajo será dirigir la orquesta, no tocar todos los instrumentos

Durante los primeros años de ChatGPT parecía que el futuro pertenecía a quien supiera escribir el mensaje perfecto. Aparecieron cursos de prompting, plantillas gigantes y expertos capaces de convertir «hazme un resumen» en una orden militar de tres páginas.

Los agentes reducen esa obsesión. Cuando la IA puede investigar, probar caminos y corregirse, el valor pasa a estar en explicar bien el objetivo, darle el contexto correcto y reconocer si el resultado sirve. Somos el director de la orquesta: no tocamos el violín, la batería y el piano al mismo tiempo, pero decidimos qué debe sonar, cuándo entra cada parte y cuándo hay que detenerlo todo porque alguien se ha perdido.

También se parece a dirigir un equipo. Un trabajador muy capaz no necesita que le indiques dónde colocar cada coma, pero sí debe entender qué quieres, qué límites existen y qué resultado considerarás bueno. Por eso el teclado Codex Micro para controlar varios agentes era más interesante por su idea que por sus botones: normalizaba una mesa de trabajo donde varias inteligencias avanzan a la vez y una persona las coordina.

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La IA puede hacer más por nosotros; también puede equivocarse más lejos

Cuanto más trabajo delegamos, más importante resulta decidir hasta dónde puede llegar. Una respuesta incorrecta dentro de un chat se puede leer y borrar. Un agente con acceso al correo, los archivos o una cuenta empresarial puede enviar el mensaje equivocado, mover una carpeta importante o seguir instrucciones maliciosas escondidas dentro de una web.

Anthropic reconoce que la autonomía amplía el daño posible y protege Cowork limitando qué partes del ordenador puede tocar. Alibaba está probando otro enfoque: como explicamos con Qwen-AgentWorld, quiere que los agentes practiquen miles de veces dentro de ordenadores simulados antes de actuar sobre los reales.

No hace falta convertir esta parte en una película de terror. Los agentes actuales todavía se atascan, preguntan demasiado y entregan trabajos que parecen perfectos hasta que alguien revisa la cifra importante. Por eso seguimos dentro del proceso. La diferencia es que ya no hacemos cada paso: fijamos el destino, vigilamos el recorrido y comprobamos que hemos llegado al lugar correcto.

OpenAI, Anthropic, Google, Alibaba y Meta están construyendo versiones distintas de la misma idea. Meta incluso experimenta con una IA que entra en Gmail y Calendar para adelantarse a tus tareas. La próxima gran interfaz quizá no sea un chat más inteligente, sino una lista de trabajos en curso: una campaña, una web, una presentación y veinte correos que esperan tu visto bueno. La era de los agentes no llegará cuando una empresa anuncie que ha empezado. Ha llegado cuando comenzamos a decirle a la IA «encárgate tú» y cerramos la pestaña.

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