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Qué es CRISPR, las tijeras moleculares que cortan y pegan el ADN a la carta

La herramienta que ha puesto patas arriba la biología nació copiando un truco que las bacterias llevan usando millones de años para defenderse de los virus. Hoy ya cura enfermedades que antes no tenían arreglo, y su historia le valió un Nobel a dos investigadoras en 2020.

Ilustración de unas tijeras cortando una hélice de ADN para editar un gen
Imagen: INSERT FUTURE
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Imagina que tu ADN es un documento de tres mil millones de letras y que, en una sola de ellas, hay una errata que te provoca una enfermedad para toda la vida. Durante décadas, dar con esa errata ya era difícil, corregirla, directamente imposible. Y entonces apareció CRISPR y puso unas tijeras de precisión en manos de los científicos.

El nombre es un trabalenguas de siglas en inglés, así que quédate con lo que de verdad importa. CRISPR es una herramienta para editar genes, para ir a un punto exacto del ADN y cortarlo, apagarlo o cambiarlo por la versión correcta. Lo que hace nada sonaba a ciencia ficción hoy se hace en laboratorios de medio mundo, y ya ha empezado a curar a personas de carne y hueso.

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Un truco que las bacterias inventaron mucho antes que nosotros

Lo más bonito es que no lo inventamos nosotros, se lo copiamos a las bacterias. Cuando un virus ataca a una bacteria, esta guarda un trocito del ADN del invasor a modo de ficha policial, como quien se apunta la cara de un ladrón para reconocerlo la próxima vez. Si el virus se atreve a volver, la bacteria saca esa ficha, localiza al intruso y lo corta en pedazos. Ese sistema de defensa es CRISPR en estado puro.

A principios de la década de 2010, un grupo de investigadoras cayó en la cuenta de que ese mecanismo bacteriano se podía reprogramar para cortar cualquier trozo de ADN que quisiéramos, no solo el de un virus. Ahí arrancó la revolución, y en 2020 les cayó el Nobel de Química a Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna por abrir ese camino.

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Cómo funciona

Por dentro, CRISPR son dos piezas que trabajan en pareja. La primera es una guía de ARN, que hace de GPS con una dirección escrita. Le metes la secuencia de letras que quieres encontrar y la guía patrulla el genoma hasta dar con el punto exacto que coincide. La segunda es una proteína llamada Cas9, que hace de tijera. Cuando la guía encuentra el sitio, Cas9 corta las dos hebras del ADN justo ahí, sin tocar el resto.

¿Y qué haces con ese corte? Depende de lo que busques. Puedes dejar el gen inutilizado para apagarlo, o colar en el hueco una versión corregida para que la célula la use al recomponerse. Es, más o menos, buscar una palabra en un procesador de textos, borrarla y escribir la correcta, solo que aquí el documento es tu genoma entero. Esa precisión de cirujano es lo que lo cambió todo.

Representación en 3D de unas pinzas editando una hebra de ADN
Imagen: INSERT FUTURE
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De la teoría a curar personas de verdad

Y no se ha quedado en la pizarra. A finales de 2023 se aprobó Casgevy, la primera terapia basada en CRISPR para uso clínico, pensada para la anemia falciforme y una forma grave de talasemia, dos enfermedades de la sangre durísimas. La jugada consiste en editar las propias células del paciente para que vuelvan a fabricar hemoglobina sana. Por primera vez, una edición genética con estas tijeras pasó de promesa a tratamiento aprobado.

Las expectativas son enormes, del cáncer a enfermedades hereditarias que hoy no tienen cura. Es el mismo terreno en el que se mueven ideas como los factores Yamanaka, que rejuvenecen células, o la epigenética, que decide qué genes se leen sin tocar una sola letra. CRISPR juega en otra liga, porque sí reescribe el texto, letra por letra.

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Dónde está la línea roja

Tanto poder asusta, y con razón. En 2018, un científico chino, He Jiankui, usó CRISPR en embriones y trajo al mundo a dos bebés con el genoma editado. La comunidad científica lo condenó de forma casi unánime y él acabó en la cárcel. Su pecado fue cruzar una línea que casi todo el mundo considera roja, tocar el ADN que se hereda, ese que pasará a los hijos y a los hijos de sus hijos.

Editar las células de un enfermo para curarlo es una cosa, rediseñar a un ser humano antes de nacer es otra muy distinta, con un debate ético que no está ni de lejos zanjado. Y la técnica tampoco es perfecta, porque a veces las tijeras cortan donde no deben, un fallo que los laboratorios siguen puliendo año tras año.

Durante toda la historia, la biología fue algo que nos sobrepasaba, una mano de cartas que te tocaba al nacer y con la que jugabas el resto de tu vida. CRISPR es la primera vez que podemos, literalmente, cambiar alguna de esas cartas. La pregunta ya no es si somos capaces, porque lo somos. Es hasta dónde queremos llegar.

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