Ubisoft esperaba un buen año y lo consiguió en dos semanas
Assassin's Creed Black Flag Resynced ha vendido 3,5 millones de copias en sus primeros catorce días. El dato figura en los resultados del primer trimestre de Ubisoft y tiene una comparación difícil de ignorar: el remake ya ha superado la previsión interna que la compañía había preparado para todo el ejercicio fiscal.
El ritmo fue enorme desde el principio. Ubisoft comunicó dos millones durante el primer día y tres millones al completar la primera semana. En Steam llegó a rondar los 105.000 jugadores simultáneos, mientras que las versiones de PC representaron una proporción de ventas que la empresa describe como histórica.
Las notas acompañaron al lanzamiento: 84 tanto en Metacritic como en OpenCritic. No estamos ante el típico remake que vende durante unas horas y se desinfla cuando aparecen los análisis. Edward Kenway ha regresado con público, buenas críticas y una respuesta especialmente fuerte fuera de las consolas.
Black Flag era el juego adecuado para este regreso
El original de 2013 siempre ocupó un lugar extraño dentro de Assassin's Creed. Su protagonista tarda en abrazar la causa de los asesinos, la vida pirata pesa tanto como la conspiración y navegar puede resultar más memorable que perseguir un objetivo por un tejado. Para muchos jugadores fue el mejor juego de piratas antes que el mejor Assassin's Creed.
Resynced reconstruye esa aventura con la versión actual del motor Anvil, mejora ciudades, selvas, iluminación y animaciones, y conserva el combate naval como centro del viaje. Ubisoft también ha retocado la progresión y añadido contenido. El tráiler oficial de presentación vende exactamente la fantasía que la gente recuerda: mar abierto, abordajes y una tripulación cantando mientras el siguiente desastre aparece en el horizonte.
Esa mezcla explica parte del éxito. Ubisoft no ha tenido que convencer al público de que aprenda una nueva fórmula ni prometer un mapa imposible. Ha recuperado una aventura conocida, con un comienzo, un final y un protagonista que llevaba trece años acumulando nostalgia.

El éxito no ha protegido al equipo de Barcelona
La celebración se vuelve bastante más incómoda al mirar a Ubisoft Barcelona. El estudio participó en el desarrollo, incluida parte de la exploración submarina, y sus trabajadores hicieron huelga durante tres días en julio. El motivo es un ERE propuesto que afecta a 51 puestos, cerca de un tercio de la plantilla según la información publicada por elDiario.es.
La secuencia resulta difícil de justificar ante quienes han trabajado en el juego: lanzamiento, ventas por encima del objetivo anual y amenaza de despido dentro del mismo mes. Un proyecto rentable no garantiza que cada estudio participante quede protegido, porque las reestructuraciones se deciden sobre presupuestos, funciones futuras y objetivos corporativos. Para la plantilla, esa explicación contable no hace que la noticia sea menos brutal.
Ubisoft atraviesa una reorganización mucho mayor. En su informe también habla de cierres y ajustes en otras oficinas, mientras los ingresos del catálogo antiguo bajan. Black Flag aporta oxígeno financiero, pero no ha detenido la reducción de costes. Seguiremos esa parte de la historia en nuestro especial sobre industria y creadores.
La lección útil no consiste en rehacerlo todo
Después de 3,5 millones de copias, es fácil imaginar una cola de remakes de Assassin's Creed. Unity pide una segunda oportunidad, el primer juego necesita una modernización seria y Ezio sigue siendo una máquina de vender recuerdos. Ubisoft puede interpretar el éxito como permiso para excavar el catálogo durante años.
La lectura más interesante es otra: había ganas de una aventura concreta, reconocible y sin la obligación de vivir dentro de ella durante trescientas horas. Black Flag Resynced ha funcionado porque el juego original ya tenía una identidad potentísima. Repetir la operación sin ese cariño solo produciría remakes más caros y menos necesarios.
Edward Kenway ha dado a Ubisoft el gran éxito que necesitaba. Ahora la compañía debe decidir qué aprende de él y, sobre todo, cómo trata a la gente que lo hizo posible.
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