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Sam Altman asegura que «ya estamos en la singularidad». ¿En serio?

El jefe de OpenAI cree que el gran salto de la inteligencia artificial ya ha comenzado, aunque fuera de Silicon Valley la vida siga pareciéndose bastante a la de ayer.

Sam Altman durante su entrevista para el podcast Relentless
Imagen: Relentless / Ti Morse
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Altman ya no habla de la singularidad en futuro

Sam Altman no dijo que la inteligencia artificial vaya a alcanzar la singularidad dentro de cinco años. Tampoco dejó la idea flotando entre una predicción y una broma. En su conversación con Ti Morse para el podcast Relentless fue bastante directo: «Ya estamos en la singularidad».

La frase aparece alrededor del minuto 16:46 de la entrevista completa. Para Altman, la singularidad no será una mañana en la que despertemos con robots omniscientes y coches voladores. Es un proceso exponencial que ya ha empezado y cuyo siguiente tramo resulta cada vez más difícil de imaginar desde el presente.

No es una ocurrencia nueva. En 2025 escribió en The Gentle Singularity que ya habíamos cruzado el horizonte de sucesos y que el despegue había comenzado. La diferencia es el verbo. Antes hablaba de estar cerca de construir una superinteligencia digital; ahora coloca a la humanidad dentro del acontecimiento.

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Si esto es la singularidad, se parece sospechosamente a un domingo normal

La reacción más lógica es mirar alrededor. Seguimos trabajando, pagando facturas y viendo a los chatbots equivocarse con preguntas sencillas. La singularidad clásica describe un punto a partir del cual el progreso tecnológico escapa a nuestra capacidad de predecirlo. Lo que Altman llama singularidad se parece más al comienzo de esa curva que a su tramo vertical.

Su argumento tiene una parte razonable. Hace cuatro años, millones de personas no habían utilizado una IA generativa. Hoy los modelos escriben software, investigan documentos, manejan herramientas y completan tareas que entonces parecían demostraciones preparadas. La tecnología avanza más rápido que su llegada a colegios, hospitales, empresas o administraciones, así que la burbuja de la IA puede estar viviendo varios años por delante del resto.

El «99 % de la gente no entiende lo que está pasando» se ha viralizado junto a la entrevista, pero no forma parte de la frase de Altman. Es la interpretación de quienes compartieron el corte. Conviene separar ambas cosas: él afirma que el proceso ya está en marcha; internet decidió que casi nadie se ha enterado.

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OpenAI está reorganizando sus apuestas alrededor de agentes que trabajan

La declaración importa porque explica dónde está poniendo OpenAI sus recursos. Altman divide el mercado en tres oleadas: primero llegaron los chatbots; ahora despegan los agentes de programación; después vendrán asistentes persistentes capaces de trabajar como un empleado digital durante largos periodos.

En la entrevista cuenta que el éxito de los agentes de código obligó a trasladar personas y capacidad de cómputo desde proyectos como Sora y el navegador. No los presenta como fracasos. Sencillamente considera que enseñar a una IA a realizar trabajo útil tiene más valor que producir otro vídeo espectacular.

También admite que OpenAI invirtió demasiado poco en cómputo porque le asustó la reacción de los mercados financieros. Ahora resume los grandes límites de la carrera en dos palabras: transistores y electricidad. La singularidad de Altman no vive solo dentro de un modelo; necesita fábricas de chips, centrales eléctricas y centros de datos capaces de construir la siguiente generación.

Sam Altman conversa con Ti Morse en el momento de la entrevista sobre la singularidad
Imagen: Relentless / Ti Morse
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También es el mejor discurso posible para vender la próxima ronda de inversión

Altman puede creer sinceramente que ya estamos dentro de la singularidad y seguir teniendo un interés evidente en que los demás lo crean. Dirige una empresa que necesita cantidades extraordinarias de dinero, energía y chips. Presentar cada centro de datos como una pieza del mayor cambio de la historia facilita conversaciones que «necesitamos más servidores» nunca conseguiría abrir.

La prueba no será cuántas veces Silicon Valley pronuncie la palabra. Será si los modelos aceleran de verdad la ciencia, crean productos que antes no podían existir y cambian el trabajo fuera de las empresas tecnológicas. Si la inteligencia artificial solo mejora presentaciones y permite generar más contenido, habremos vivido una campaña de marketing enorme, no una singularidad.

Aun así, la idea merece atención. Los grandes cambios rara vez esperan a que todo el mundo se ponga de acuerdo con el nombre. Quizá Altman esté adelantándose muchos años. Quizá la singularidad no llegue con una alarma, sino que un día miremos atrás y descubramos que empezó mientras todavía discutíamos si los chatbots eran útiles.

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