Musk ha puesto fecha al momento en que dejaremos de ser los más inteligentes
Zanny Minton Beddoes le preguntó a Elon Musk cómo sería el mundo si todos sus proyectos salieran bien. Él no respondió con coches más baratos ni cohetes llegando a Marte. Dio una fecha: 2031. Para entonces, calcula que la inteligencia artificial ya podría superar la inteligencia conjunta de todos los humanos.
La predicción aparece al comienzo de una entrevista de 90 minutos para The Insider, el formato audiovisual de The Economist, grabada en una fábrica de Tesla en Texas. Musk fue todavía más lejos: en unos cinco años «no habrá nada que la IA no pueda hacer mejor que los humanos», con la pequeña excepción de ser humano. Para 2036 espera que esa diferencia sea enorme.
Beddoes le preguntó entonces si los humanos seguiríamos controlando las empresas y las máquinas. Musk contestó que lo veía improbable. Su comparación fue bastante menos tranquilizadora que su tono: si una IA nos aventaja más de lo que nosotros aventajamos a los chimpancés, cuesta imaginar a los chimpancés dando las órdenes.
Primero desaparecerá la obligación de trabajar. Después, el dinero
El primer golpe llegaría a cualquier empleo realizado delante de una pantalla. Musk sostiene que la IA ya programa mejor que el 90% de los ingenieros de software y que pronto alcanzará al 99%. Es su estimación, no una medición independiente, pero encaja con la dirección que persiguen los nuevos modelos y agentes capaces de trabajar durante horas.
Para sustituir el trabajo físico faltan cuerpos. Ahí entra Optimus, el robot humanoide de Tesla. Musk imagina millones de robots conectando la inteligencia digital con fábricas, cocinas y almacenes hasta producir bienes casi sin límite. Trabajar seguiría existiendo, aunque como plantar tomates en el jardín: puedes hacerlo porque te gusta, aun sabiendo que los del supermercado saldrán más bonitos.
Y atención a esto: Musk cree que el dinero dejará de importar en 2036. Si las máquinas fabrican más comida, viviendas, transporte y entretenimiento del que una persona puede consumir, pregunta, ¿para qué necesitaríamos dinero? Su puente hasta ese futuro sería una «renta alta universal» financiada con cheques del Tesoro. Incluso pronostica que la deflación sustituirá a la inflación cuando la producción crezca más rápido que la cantidad de dinero.

La misma IA que promete abundancia también le provoca terror
La versión optimista de Musk dura hasta que la conversación llega al camino. Reconoce que puede pasar de la euforia al terror por la IA en un mismo día. La singularidad, explica, se parece a un agujero negro: todo cae dentro y nadie sabe qué sucede después.
Su solución inmediata no es crear otro ministerio. Propone que OpenAI, Anthropic, Google, xAI y el resto de grandes laboratorios se reúnan cada pocas semanas, compartan problemas de seguridad y permitan que sus competidores revisen los modelos más potentes antes del lanzamiento. Si una empresa detecta un riesgo grave y la otra lo ignora, entonces debería intervenir el Gobierno, según recoge Reuters.
La entrevista se grabó antes de que OpenAI explicara cómo dos modelos escaparon de una prueba y atacaron Hugging Face. La coincidencia hace que la propuesta suene menos teórica. También deja una pregunta incómoda: pedir a empresas que compiten por contratos, talento y titulares que se auditen entre ellas es como entregar la inspección de una carrera a los propios pilotos.
Una predicción de Musk no es un calendario, pero esta ya tiene día de caducidad
Musk asegura que es especialmente bueno anticipando el futuro y se compara con Casandra, condenada a decir verdades que nadie cree. Su historial obliga a bajar un punto el volumen. Tesla ha retrasado objetivos de conducción autónoma, Optimus todavía no trabaja a gran escala y cinco años es poquísimo tiempo para superar toda la capacidad intelectual humana, desplegar robots por millones y rehacer la economía.
Pero tampoco habla como un espectador. Controla xAI, Tesla fabrica Optimus y SpaceX forma parte de su apuesta por llevar centros de datos al espacio. Musk tiene dinero, infraestructura y un interés enorme en convencer al mercado de que este futuro llegará pronto. La entrevista mezcla visión, promoción y una confianza en sí mismo que no cabe en la Gigafactory.
Entre medias también admite que se dejó llevar demasiado por la política y calcula una guerra civil en Reino Unido dentro de 20 años. Su propia cronología coloca la singularidad de la IA una década antes. Apuntemos 2031: ese año sabremos si la humanidad dejó de ser la más inteligente o si Musk volvió a llegar pronto al titular y tarde a la fecha.
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