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El primer ensayo para rejuvenecer células humanas ya ha empezado dentro de un ojo

Por primera vez, una persona ha recibido un tratamiento diseñado para que las células dañadas de su ojo recuperen parte de lo que podían hacer cuando eran jóvenes. El experimento acaba de empezar y puede cambiar la forma en que tratamos las enfermedades de la edad.

Primer plano de un ojo humano, el órgano elegido para el primer ensayo clínico de reprogramación celular parcial
Imagen: Archivo aportado a INSERT FUTURE
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Una máquina del tiempo para tu ojo

Por primera vez, una persona lleva dentro del cuerpo un tratamiento cuyo objetivo declarado es rejuvenecer células humanas. No todo su cuerpo, una pequeña población de células en uno de sus ojos. Si funciona, no se despertará con diez años menos, quizá consiga que un tejido dañado por la edad recupere parte de lo que había perdido.

El tratamiento se llama ER-100, aunque el nombre es lo menos interesante. Parte de una idea fácil de entender: cuando envejecemos, nuestras células no solo acumulan daños, también empiezan a leer peor sus propias instrucciones. Genes que deberían estar activos se apagan, otros se encienden cuando no toca y la célula deja de trabajar como antes. ER-100 intenta recordarle cómo funcionaba cuando era más joven.

Para hacerlo, activa temporalmente tres genes llamados OCT4, SOX2 y KLF4. No hace falta memorizar las siglas, son interruptores biológicos capaces de empujar una célula hacia un estado más joven. Los médicos inyectaron una sola dosis en uno de los ojos del primer participante el 9 de junio. Después, un antibiótico corriente —la doxiciclina— mantiene encendido el tratamiento durante ocho semanas. Cuando deja de tomarlo, la señal se apaga.

El ensayo prevé incluir hasta 18 personas de entre 40 y 85 años: doce con glaucoma de ángulo abierto y seis con neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica, una lesión repentina del nervio óptico para la que no existe un tratamiento aprobado. Cada participante recibe una sola dosis en un ojo. El otro permite observar qué cambia sin confundirlo con la evolución habitual de la enfermedad.

Todavía no sabemos si le devolverá visión. Este primer ensayo se centra, antes que nada, en comprobar que el tratamiento no hace daño, aun así, es la primera ocasión en la que esta forma de rejuvenecimiento celular se prueba dentro de un ser humano. Después de años de pruebas en ratones, ha llegado el momento de comprobar qué ocurre en una persona.

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Rejuvenecer una célula también puede hacer que deje de ser ella misma

Los tres genes del tratamiento forman parte de los llamados factores de Yamanaka. En 2006, el investigador japonés Shinya Yamanaka demostró que era posible tomar una célula adulta y devolverla a un estado parecido al de una célula madre, capaz de convertirse de nuevo en casi cualquier tejido. El descubrimiento le valió el Nobel y abrió una posibilidad enorme, la edad de una célula no era necesariamente un viaje de ida.

También reveló el peligro, ya que si el proceso avanza demasiado, la célula puede perder su identidad. Una neurona deja de comportarse como neurona, una célula de la piel olvida que pertenece a la piel. Y si además comienza a multiplicarse sin control, el supuesto rejuvenecimiento puede terminar en un tumor.

ER-100 intenta detener el rebobinado antes de llegar a ese punto. Utiliza tres factores y excluye un cuarto, c-MYC, relacionado con la proliferación celular y el riesgo de cáncer. La doxiciclina permite encender y apagar el proceso. El objetivo no es borrar la célula para empezar de cero, sino ordenar parte de las instrucciones que se han vuelto confusas con los años.

La hipótesis recibió su gran demostración en 2020. En un estudio publicado en Nature, la misma combinación OSK restauró patrones jóvenes de metilación del ADN, favoreció la regeneración de axones y recuperó visión en ratones envejecidos y en animales con daño similar al glaucoma. El resultado sugería algo impresionante, una célula vieja quizá no haya perdido toda la información de su juventud, puede que siga guardándola, aunque ya no sepa utilizarla.

Investigadora observa una muestra con un microscopio en un laboratorio de biotecnología
Imagen: Archivo aportado a INSERT FUTURE
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El ensayo puede salir bien sin devolverle la vista a nadie

Antes de preguntar si rejuvenece el ojo, los investigadores necesitan saber si puede utilizarse sin provocar daños. Life Biosciences medirá la agudeza visual, el campo de visión y otros cambios, aunque el objetivo principal de esta primera fase es detectar efectos adversos y vigilar qué ocurre después de apagar los genes. Habrá seguimiento a los seis meses y controles de seguridad durante cinco años. Con una terapia genética, un problema que aparece tarde también forma parte del resultado.

Lo bueno es que se puede tratar un ojo y compararlo con el otro, observar la retina sin abrir el cuerpo y trabajar en un espacio relativamente aislado. También existe una necesidad médica concreta, bajar la presión ocular puede frenar parte del glaucoma, pero no repara las células ganglionares de la retina que ya han muerto ni reconstruye su conexión con el cerebro.

Si ER-100 demuestra seguridad y alguna señal de recuperación, no tendremos una cura contra la vejez, pero tendremos una razón para probar el mismo principio en otros tejidos. Life Biosciences ya habla de ampliar su plataforma a más órganos, otras compañías persiguen variantes de la reprogramación parcial. Ahí empieza también la zona incómoda que seguimos en nuestro dossier sobre IA, biología y bioseguridad: cuanto más control adquirimos sobre las instrucciones de una célula, más importa quién puede modificarlas, con qué límites y bajo qué evidencia.

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Cómo sabremos si ha funcionado de verdad

Este ensayo puede generar años de titulares antes de ofrecer una respuesta sólida. Nosotros seguiremos cuatro cosas: si aparecen efectos adversos, si las células continúan siendo células de la retina, si sus señales biológicas se parecen más a las de una célula joven y, finalmente, si el paciente ve mejor. Que sea seguro no significa que funcione. Que funcione y no sea seguro tampoco permite convertirlo en un tratamiento.

Los datos iniciales no se han publicado. Tampoco hay un calendario oficial para conocer resultados clínicos, y la participación total puede tardar en completarse. Ese vacío atraerá promesas, inversiones y titulares sobre la inmortalidad mucho antes de que el estudio permita escribirlos.

En INSERT FUTURE somos tecnoptimistas, creemos que la tecnología y la inteligencia artificial pueden mejorar profundamente la vida de las personas. Por eso analizamos cada avance con cautela, sin dejarnos arrastrar por titulares grandilocuentes. Aun así, resulta difícil no entusiasmarse ante un futuro en el que tú y yo podamos convertirnos en una especie de vampiros modernos: seres que solo mueren cuando deciden hacerlo.

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