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La hermana de Marta Díaz se quitó la capucha en La Velada y ganó 200.000 seguidores esa noche

Se estrenó en público durante la entrada al combate del 25 de julio, delante de ocho millones de espectadores. Al día siguiente la seguían cientos de miles de personas con una sola publicación subida. Nadie ha confirmado cuántos años tiene. Ella no ha hecho nada raro; el resto sí.

Marta Díaz en la alfombra roja del Festival de Málaga de 2025
Imagen: Pedro J Pacheco · CC BY-SA 4.0
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Dos segundos de plano y el resto lo hizo internet

El 25 de julio, en el estadio de La Cartuja, Marta Díaz caminó hacia el ring de La Velada del Año VI con su equipo detrás. Entre ellos iba una chica con la capucha puesta. Se la quitó. Ocho millones de personas miraban el streaming en ese momento, y en minutos las redes tenían nombre, apellido y cuenta de Instagram de alguien de quien no sabían nada.

Es la hermana pequeña de Marta. Hasta esa noche solo se le había oído la voz de fondo en algún vídeo: la familia había cuidado que no se le viera la cara, y eso merece reconocerse. La revelación funcionó como funcionan estas cosas ahora, con memes a los pocos minutos comentando el parecido entre las dos.

Al día siguiente, su perfil rondaba los 200.000 seguidores con una sola publicación subida. Repito el dato porque es el titular real: una publicación. Ni un vídeo, ni una entrevista, ni una opinión, ni un talento demostrado en público. Una foto.

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El apellido lleva funcionando en esta familia desde 2018

Aquí conviene no hacerse el escandalizado, porque el mecanismo no es nuevo ni es exclusivo de nadie. La propia Marta Díaz empezó apareciendo en los vídeos de su hermano David, AlphaSniper97, y terminó de instalarse en el imaginario nacional durante sus años con el futbolista Sergio Reguilón. Diez millones de seguidores después, se ha ganado a pulso su sitio: entrenó meses, se subió a un ring y ganó a Tatiana Kaer delante de un estadio lleno.

Pero que el mecanismo funcione no lo convierte en sano. Lo que vimos el sábado es la tercera generación del mismo apellido entrando en el mercado de la atención sin pasar por ninguna aduana: hermano, hermana, hermana. Y cada salto es más rápido que el anterior. David tardó años en construir un canal. Marta, meses en cada escalón. La pequeña, dos segundos de plano.

El vídeo de la entrada es, mirado con frialdad, una operación de lanzamiento perfecta: audiencia máxima garantizada, contexto emotivo y cero riesgo de que nadie la juzgue por su trabajo, porque todavía no hay trabajo que juzgar.

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Nadie ha confirmado cuántos años tiene

Y ahora el detalle que me parece más grave de todo el asunto, y que casi nadie ha subrayado: *no hay una edad confirmada*. Un medio de tirada nacional le atribuye 15 años; otros medios que le han dedicado un perfil entero directamente no la mencionan. Cientos de miles de personas pulsaron seguir sin saber si estaban siguiendo a una adulta o a una menor de edad.

Eso no es un descuido de una familia. Es un fallo de todo lo que hay alrededor: de los medios que publican perfiles de «quién es» sin el dato más básico, de la plataforma que reparte alcance sin preguntarse nada y de nosotros, que pinchamos igual. En España se está tramitando desde septiembre de 2025 una ley orgánica de protección de menores en entornos digitales y el Gobierno quiere subir a los 16 años la edad mínima para abrir un perfil, con verificación de edad obligatoria. Mientras tanto, el sábado por la noche, la verificación de edad la hizo el criterio de un grupo de WhatsApp.

Que quede claro por dónde va mi enfado: no va con ella. Una chica que sale a acompañar a su hermana en la noche más importante de su vida no ha hecho nada reprochable, y por eso aquí no vais a encontrar su nombre ni su foto.

Ibai Llanos, a la derecha, sobre el escenario de una edición anterior de La Velada del Año
Imagen: Cristinaperiodista1999 · CC BY-SA 4.0
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Aquí no hay villanos, hay clientes

La pregunta que circula estos días —cómo de superficial hay que ser para dar altavoz a alguien que no ha demostrado nada— tiene una respuesta incómoda: el altavoz no lo dio Marta Díaz. Lo dimos nosotros. Ella enseñó a su hermana; los 200.000 botones de seguir los pulsaron 200.000 personas distintas, una por una, con el pulgar.

El fenómeno tiene nombre desde hace años en Estados Unidos, donde llevan media década discutiendo sobre las nepo babies del cine y la música. La versión española es más barata de montar: no hace falta una productora, hace falta un plano de dos segundos en el evento adecuado. Y convierte brutalmente, porque el seguidor de creador no distingue entre admirar a alguien y adoptar a su familia entera.

Lo que me revienta no es que ella pueda vivir de esto. Es que el sistema ya ha decidido que puede antes de que ella haya podido decidir si quiere. A los 15, a los 18 o a los 24, esa cuenta ya es un activo económico, con su valor de mercado y sus marcas escribiendo por privado el lunes por la mañana.

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Mi apuesta, y me la podéis recordar

Lo digo con fecha para que se pueda comprobar: mi apuesta es que antes del 31 de diciembre de 2026 esa cuenta habrá publicado su primer contenido pagado —ropa, cosmética o una app de idiomas, por ese orden de probabilidad— y habrá superado el medio millón de seguidores sin haber estrenado ningún proyecto propio. Si me equivoco, encantado: significará que alguien de esa familia ha decidido frenar la máquina.

Porque frenarla se puede. Hay creadores que han sacado a sus hijos del contenido de golpe cuando entendieron el precio. La diferencia entre un apellido y una carrera es exactamente esa: quién decide cuándo empiezas.

Así que la próxima vez que un plano de dos segundos os presente a alguien nuevo, probad una cosa rara: no le deis a seguir. Esperad a que haga algo. Es gratis y es lo único que puede cambiar el precio de estos lanzamientos.

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