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Qué es el AI slop: ¿estamos cavando nuestra propia tumba?

La IA ha abaratado tanto la creación que internet puede llenarse de vídeos, canciones y textos que nadie necesitaba. El daño no empieza cuando una máquina sustituye a un artista, sino cuando encontrar algo bueno se vuelve agotador.

Ejemplos de imágenes sintéticas con la etiqueta AI info mostrada por Meta
Imagen: Meta
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AI slop es contenido fabricado para ocupar espacio

Abres Instagram y aparece un anciano salvando a un cachorro de una inundación. Después, un bebé habla como un adulto, una voz perfecta cuenta una noticia falsa y un artículo repite lo mismo que otros veinte. Todo parece contenido. Muy poco merece tu atención.

A eso se le llama AI slop: material digital de baja calidad producido en masa con inteligencia artificial. La expresión se volvió tan representativa de la red que los editores de Merriam-Webster eligieron slop como palabra del año 2025. Su definición incluye imágenes extrañas, propaganda barata, libros escritos sin cuidado, noticias falsas y textos creados únicamente para captar visitas.

Utilizar IA no convierte automáticamente una obra en slop. Una persona puede generar una base, revisarla, corregirla y aportar una idea propia. El problema aparece cuando desaparecen el criterio y la intención: no hay nada que contar, solo una máquina de fabricar piezas y probar cuál consigue retenernos dos segundos más.

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Internet ya premiaba la basura; la IA eliminó el límite

Las plataformas llevaban años recompensando titulares exagerados, vídeos alargados para colocar más anuncios y páginas construidas alrededor del algoritmo. La IA no inventó esa economía. La hizo muchísimo más barata.

Antes, levantar cien webs mediocres exigía redactores mal pagados, tiempo y cierta organización. Ahora una persona puede generar miles de páginas en una tarde. Una granja de vídeos ya no necesita preparar cada guion, grabar una voz y montar las imágenes: buena parte del proceso puede quedar automatizada.

El incentivo es sencillo. Si producir una pieza cuesta casi cero, compensa lanzar cientos aunque ninguna tenga demasiado valor. Las plataformas reciben más material, las cuentas consiguen nuevas oportunidades de entrar en una recomendación y el usuario carga con el trabajo de separar lo interesante de todo lo demás.

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Lo bueno no desaparece, pero resulta más difícil encontrarlo

El AI slop no necesita sustituir a las obras buenas para hacer daño. Basta con enterrarlas. Un artista que tarda meses en terminar una canción compite con miles de temas generados automáticamente. Un periodista puede investigar una historia durante semanas y quedar debajo de veinte páginas que han rehecho sus datos sin añadir nada.

Ya hemos visto esa presión en la música. Las plataformas reciben decenas de miles de canciones sintéticas cada día y tienen que decidir cuáles etiquetan, recomiendan o retiran por fraude. En nuestro análisis sobre la música generada por IA explicamos por qué la identidad del artista gana valor cuando fabricar una canción deja de ser excepcional.

Meta optó por mostrar la etiqueta AI info cuando detecta indicadores técnicos o el autor declara que una imagen, un vídeo o un audio se ha generado con IA. Ayuda a saber qué estamos viendo, aunque una etiqueta no puede medir si detrás hay criterio o una granja de contenido.

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Los modelos también pueden acabar aprendiendo de esta basura

Los sistemas actuales se entrenaron con enormes cantidades de material creado principalmente por personas. A medida que la red se llena de resultados sintéticos, separar conocimiento humano, datos artificiales útiles y contenido basura se vuelve más difícil.

Un estudio publicado en Nature entrenó generaciones sucesivas de modelos con datos producidos por la generación anterior. Al hacerlo de manera indiscriminada, los sistemas perdían los casos menos frecuentes, acumulaban errores y representaban cada vez peor la distribución original. Los autores llamaron a ese proceso «colapso del modelo».

Eso no significa que cualquier dato sintético destruya un modelo. El mismo trabajo muestra que conservar una parte de información humana reduce la degradación. Los datos artificiales pueden ser útiles si se seleccionan y se mezclan bien; el peligro está en rastrear internet como si todo lo publicado tuviera la misma procedencia y calidad.

Figura de Nature que muestra cómo los modelos pierden información al entrenarse con datos generados por generaciones anteriores
Imagen: Ilia Shumailov y otros / Nature
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También estamos educando nuestra propia atención

El efecto no se limita al entrenamiento de modelos. Pasar horas entre vídeos sin contexto, textos sin autor e imágenes diseñadas para provocar una emoción instantánea cambia lo que esperamos de la cultura. Pedimos que todo se entienda al momento y descartamos aquello que exige un poco más de tiempo.

Eso crea un circuito bastante incómodo. El algoritmo aprende que lo rápido y reconocible retiene; nosotros nos acostumbramos a consumirlo; la plataforma encarga todavía más. No hace falta imaginar una conspiración: cada actor está respondiendo al incentivo que tiene delante.

La salida no consiste en prohibir cualquier obra hecha con IA. Pasa por etiquetar lo sintético, conservar la procedencia de los datos, premiar la autoría y exigir a las plataformas que no confundan actividad con calidad. En nuestra red sobre IA, creatividad y contenido seguiremos esos cambios. Si no mejoran los incentivos, internet continuará funcionando, pero buscar algo que merezca la pena será cada vez más pesado.

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