La carta empezó con 25 firmas. Ya lleva 35 y una es OpenAI
Jensen Huang abrió su cuenta personal de X esta semana y eligió un asunto bastante más serio que una foto con su inseparable chaqueta de cuero. El consejero delegado de NVIDIA compartió una carta enviada a la Casa Blanca para pedir que Estados Unidos no imponga restricciones generales a los modelos con pesos abiertos.
El documento salió con 25 firmas. Menos de un día después, la versión alojada por Microsoft ya reúne 35 nombres. Están NVIDIA, Microsoft, Meta, Mistral, Hugging Face, IBM, Mozilla, Palantir, Perplexity, Y Combinator y, ahora también, OpenAI. La lista creció mientras los primeros titulares todavía contaban quién faltaba.
Su petición no consiste en dejar la IA sin normas. La carta admite que estos modelos presentan riesgos distintos porque cualquiera puede descargarlos y modificarlos. Lo que reclama es que Washington actúe contra abusos concretos y no castigue de antemano toda una forma de distribuir tecnología.
Pesos abiertos no significa que podamos ver toda la receta
Hay una diferencia que suele perderse en la conversación. Un modelo con pesos abiertos permite descargar la parte que ha aprendido durante el entrenamiento, ejecutarla en servidores propios y adaptarla. Eso no obliga a publicar el conjunto completo de datos, el código de entrenamiento ni cada decisión tomada por sus creadores. Es más abierto que una API cerrada, pero no siempre es software libre en el sentido tradicional.
Para una empresa, esa diferencia importa mucho. Puede trabajar con información sensible sin enviarla a un proveedor externo, ajustar el modelo a una tarea concreta y cambiar de infraestructura cuando lo necesite. La carta también sostiene que investigadores independientes pueden estudiar mejor sus fallos y que la competencia evita que unas pocas plataformas decidan quién accede a la tecnología y a qué precio.
Existe una razón comercial detrás de tanta defensa. NVIDIA vende los chips con los que funcionan unos y otros; Microsoft ofrece modelos propios y ajenos a través de Azure; Meta necesita que su familia Llama conserve relevancia. Que tengan intereses no invalida el argumento. Explica por qué lo defienden ahora.

OpenAI acaba de firmar el párrafo más incómodo de la carta
El giro más interesante está en la destilación: utilizar las respuestas de un modelo para entrenar o evaluar otro. La carta la presenta como una técnica legítima y pide no confundirla con la extracción ilegal de propiedad ajena. OpenAI firma esas líneas apenas unos días después de reclamar más vigilancia sobre los laboratorios chinos acusados de aprender de modelos estadounidenses.
No es una contradicción automática. La empresa puede defender la técnica y perseguir un uso que considere abusivo. Pero la frontera es mucho menos cómoda de lo que parece en un comunicado: determinar cuándo termina el aprendizaje y empieza la apropiación será uno de los grandes pleitos de esta industria.
Anthropic, Google y Amazon continúan fuera de la lista oficial. Eso no demuestra que hayan coordinado un frente contra la apertura. Google publica Gemma y OpenAI ya ofrecía pesos descargables antes de añadir su firma. Sí confirma que la discusión atraviesa a las grandes compañías y cambia incluso de un día para otro. Ya explicamos por qué este choque ha colocado a Jensen Huang frente a los laboratorios cerrados.
La pelea no es solo por el mejor modelo, sino por quién cobra el peaje
Huang tampoco es un activista desinteresado. En su entrevista con Axios defendió que una IA más barata y accesible aumenta el uso de centros de datos, servidores y chips. Si cada empresa puede instalar un modelo, NVIDIA encuentra más lugares donde vender hardware.
Microsoft ocupa una posición todavía más curiosa. Mantiene una relación estrecha con OpenAI, pero también gana cuando Azure aloja modelos de Meta, Mistral o cualquier rival que atraiga clientes. Firmar la carta le permite defender un mercado abierto sin renunciar a los servicios cerrados que ya vende.
Mi impresión es que una parte del sector quiere que la IA se parezca a internet: una base sobre la que cualquiera pueda construir. La otra gana más cuando se parece a una tienda de aplicaciones, con un dueño que controla la entrada y se queda con una parte de cada operación.
La carta no decide qué modelo vencerá. Sí deja bastante claro quién prefiere competir vendiendo tecnología y quién está más cómodo cobrando por el acceso.
La conversación empieza aquí
Accede con una cuenta de apoyo para comentar. Entrar




Todavía no ha comentado nadie. ¿Estrenas tú?