El dinero: dos lotes, cuatro fábricas grandes y tres enormes
Europa lleva dos años viendo cómo cada modelo de IA que usa se entrena en centros de datos de Estados Unidos, y ayer puso encima de la mesa su respuesta más cara: la Comisión Europea y la EuroHPC abrieron la convocatoria oficial para construir hasta siete gigafactorías de IA, instalaciones pensadas para entrenar los modelos de próxima generación sin salir del continente.
La cuenta total ronda los 30.000 millones de euros: al menos 20.000 tendrán que salir de inversión privada y hasta 10.000 de fondos europeos y nacionales, a partes iguales. El reparto va en dos lotes distintos. El primero financia cuatro proyectos con hasta 100 millones por cabeza en la fase inicial y otros 400 en la ampliación; el segundo, tres proyectos que doblan la apuesta, 200 millones de arranque y hasta 800 más después. La letra pequeña presupuestaria también existe: Bruselas solo tiene comprometidos de momento los primeros 1.000 millones, y el resto depende del próximo marco financiero de la Unión.

Para llamarse gigafactoría hay que igualar al campeón de Europa
El requisito técnico está pensado para que nadie cuele un centro de datos corriente: cada gigafactoría deberá instalar, como mínimo, tantos procesadores de IA de última generación como la instalación europea más potente que exista hoy, y ampliarse a partir de ahí. A cambio, el calendario aprieta, quien gane tendrá un máximo de 18 meses desde la firma del contrato para tener las máquinas funcionando, con las primeras obras arrancando el año que viene y el objetivo de estar operativas a mediados de 2028.
Interés no falta. Antes de abrirse la convocatoria formal, 76 consorcios habían presentado manifestaciones de interés, y 18 Estados miembros han firmado el acuerdo conjunto que sostiene el programa. Henna Virkkunen, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión para Soberanía Tecnológica, lo vendió como «un paso decisivo para reforzar la competitividad» del bloque, dentro del plan de convertir a Europa en «el continente de la inteligencia artificial».
España está en la carrera, y la competencia es medio continente
Diez países han levantado la mano: Alemania, Italia, Francia, Polonia, Chequia, Dinamarca, Finlandia, Grecia, Portugal y España, que parte con la ventaja de operar ya uno de los grandes superordenadores europeos en Barcelona. Con siete plazas y esa lista de aspirantes, alguien se quedará fuera, y las decisiones de adjudicación no llegarán hasta principios del año que viene.
El trasfondo es el de siempre, pero con cifras nuevas: mientras OpenAI entrena modelos que se abaratan por cinco en centros de datos americanos y China levanta los suyos, Europa compra capacidad de cómputo ajena hasta para investigar. Estas siete fábricas no cierran esa brecha de golpe, aunque es la primera vez que el continente europeo apuesta de verdad por Inteligencia Artificial.
Queda el calendario de servicio: candidaturas hasta el 12 de noviembre, adjudicaciones a principios del año que viene y 18 meses desde la firma para encender las máquinas. Para un continente al que siempre se le acusa de regular más rápido de lo que construye, no es mal ritmo sobre el papel.

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