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GPT-5.6 Sol entrenó a Luna: La auto-mejora y la eficiencia ya están aquí

OpenAI cuenta que Sol eligió las configuraciones de entrenamiento, escogió las GPU, lanzó el proceso y comprobó que todo corría bien. En seis meses el consumo interno de tokens de agente de la empresa se ha multiplicado por 22. Altman ya habla de la singularidad en presente.

Ilustración oficial de OpenAI con el Sol, la Tierra y la Luna a escala sobre un fondo estrellado, con los nombres de los tres modelos GPT-5.6
Imagen: OpenAI
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El encargo que recibió Sol cabía en un prompt

El 9 de julio, Aidan McLaughlin, investigador de OpenAI, escribió en X algo que hace dos años habría abierto un telediario: «no os podéis imaginar lo rutinario que es para mí que 5.6 haga de principio a fin el llamado reinforcement learning». Un entrenamiento por refuerzo completo, montado y vigilado por el propio modelo, contado con el tono de quien menciona de pasada que ha puesto una lavadora.

Lo que hay detrás de ese mensaje lo desmenuzaron al día siguiente en The Decoder, y me sigue pareciendo lo más gordo que ha pasado este mes: GPT-5.6 Sol, el modelo grande de la casa, se encargó del post-entrenamiento de Luna, el pequeño de la familia. El encargo le llegó por Codex y OpenAI lo describe como «bastante poco especificado»: le pidieron que encontrara las configuraciones de entrenamiento adecuadas, eligiera las GPU convenientes, lanzara el proceso y comprobara que todo estaba corriendo bien. A partir de ahí, solo. Cuando os contamos el lanzamiento de los tres modelos, esta parte todavía no se había contado.

Kathy Shi, de OpenAI, lo dijo sin rodeos: «antes esto era algo en lo que podía haber estado trabajando un equipo de investigadores senior, y ahora la sensación es que el investigador automatizado está bastante cerca».

En el índice interno con el que OpenAI mide justamente eso —la automejora recursiva, o hasta qué punto un modelo sirve para construir el siguiente— Sol saca 16,2 puntos más que GPT-5.5. Y ese salto ya forma parte del día a día de la empresa.

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El alumno es más eficiente que el maestro

Aquí es donde la historia se vuelve interesante. Sol cuesta 5 dólares por millón de tokens de entrada y 30 por millón de salida. Terra, el intermedio, se queda en 2,50 y 15. Y Luna, el modelo que salió de aquel encargo, está en 1 dólar de entrada y 6 de salida: una quinta parte exacta de Sol.

En resultados la distancia no es tan grande. En TerminalBench 2.1, la prueba de agentes de terminal que se ha convertido en el termómetro del sector, la tabla que recopila Wikipedia da un 88,8% a Sol y un 82,5% a Luna. El dato que a mí me hizo levantar la ceja está una fila más abajo: GPT-5.5, el buque insignia de hace nada, se queda en un 83,4%. O sea que Luna, costando lo que cuesta, está a nueve décimas del mejor modelo de OpenAI en primavera.

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Los números son una cosa, pero ¿y los resultados?

Los porcentajes cansan, así que vale más mirar un encargo concreto. En la presentación, OpenAI les puso a los dos modelos la misma tarea: aquí tienes una diapositiva corporativa, imita su estilo y hazme otra con estos datos. Sin programación de por medio, una tarea de oficina de las que se resuelven un jueves por la tarde.

GPT-5.5 devolvió el gráfico de aquí abajo. Está bien, las barras son correctas, los ejes se leen y los datos están donde tienen que estar. La tipografía de la marca, el color corporativo, la tarjeta blanca sobre la que iba montado el original y las etiquetas con el valor de cada barra se quedaron por el camino.

Diapositiva generada por GPT-5.5: un gráfico de barras azul claro, sin la plantilla de la marca ni etiquetas de valor
Imagen: OpenAI
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Altman dice que ya estamos en la Singularidad

En su propio anuncio, OpenAI cuenta que el consumo interno de tokens de agente se ha multiplicado por 22 en seis meses, que la potencia de cálculo dedicada a inferencia de programación se ha multiplicado por 100 y que la media diaria de tokens de salida por investigador activo ha superado en más del doble el máximo que habían visto nunca. Los experimentos semanales por investigador se han duplicado desde enero.

Con ese ruido de fondo, la frase que Sam Altman soltó hace unos días en el podcast Relentless —«estamos ya, como, en la singularidad»— se lee distinto que hace un año. En su ensayo de junio de 2025 hablaba de «una versión pequeña de la auto-mejora recursiva». Trece meses después su modelo grande configura y vigila el entrenamiento del pequeño, y el resultado se vende a un dólar el millón de tokens de entrada.

El 14 de julio, Altman avisaba en Axios de que el crecimiento de Sol «es una locura», que van a «mover montañas» para seguir escalando y que aun así «es posible que haya algún tropiezo pronto».

Pero tenemos suerte, de momento, el que responde por lo que salga mal sigue siendo humano.

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