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China entrena su IA militar con modelos de OpenAI y Anthropic. Lo cuentan 80 papers de sus científicos

Una investigación de Reuters con la fundación Jamestown ha revisado más de 80 artículos académicos y patentes chinos: unidades del Ejército Popular de Liberación usaron GPT-3.5 y Claude 3 Haiku para destilar sistemas propios de defensa, desde reconocimiento de objetivos marítimos hasta análisis de código militar.

Un robot humanoide chino juega al xiangqi contra una mujer en una feria tecnológica
Imagen: China Daily
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Los papers lo cuentan con nombres y apellidos

Los propios investigadores militares chinos lo han dejado por escrito. La investigación de Reuters, elaborada junto a la fundación Jamestown de Washington, ha revisado más de 80 artículos académicos y patentes en los que aparecen la Unidad 96941 del Ejército Popular de Liberación —inteligencia militar y guerra cibernética, con base en Pekín—, la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa, la Academia de Ciencias Militares y la Universidad del Norte de China, ligada a la industria armamentística.

Los usos descritos no son teóricos: análisis de código de software militar, compresión de imágenes para drones aéreos, sistemas de reconocimiento de objetivos en operaciones marítimas simuladas con barcos y submarinos no tripulados, y generación de datos para vigilar redes sociales. Y las herramientas citadas tampoco: GPT-3.5 de OpenAI y Claude 3 Haiku de Anthropic, dos modelos americanos que en teoría no deberían estar al alcance de un laboratorio militar chino.

Y todo publicado a la vista de cualquiera con acceso a una biblioteca académica.

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El truco se llama destilación, y ya lo conoces

La técnica es la misma que hizo famoso el caso DeepSeek: la destilación, usar las respuestas de un modelo potente como material de entrenamiento para un modelo propio más pequeño y especializado. Los investigadores chinos lo formulan sin rodeos en sus artículos: sirve para «estrechar la brecha tecnológica con Estados Unidos» sin necesidad de construir primero un modelo de frontera. El alumno copia los exámenes del profesor, y el profesor ni se entera.

Cómo consiguieron el acceso es la pregunta que el informe no puede responder del todo: tanto OpenAI como Anthropic bloquean el uso de sus modelos desde China y prohíben expresamente las aplicaciones militares. Entre los intermediarios y las cuentas de terceros países, el candado ha demostrado ser más un cartel que una cerradura.

Ilustración fotográfica de Xi Jinping sobre un circuito con las banderas de China y Estados Unidos
Imagen: Ilustración fotográfica
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La paradoja que ninguna sanción ha resuelto

Washington lleva años cortando el acceso de China a los chips de Nvidia, y mientras tanto sus modelos de lenguaje —el otro pilar de la carrera— se cuelan por la puerta de atrás en forma de respuestas de chatbot. Es la misma carrera por la soberanía tecnológica que Europa intenta correr a base de gigafactorías, solo que aquí el atajo no cuesta 30.000 millones: cuesta una suscripción.

El informe deja una foto incómoda para todos. Para Washington, porque demuestra que las restricciones llegan tarde y por la vía equivocada. Para las empresas, porque sus términos de uso valen lo que valga su capacidad de detectar quién está al otro lado. Y para el resto, porque la frontera entre una IA civil y una militar acaba de quedar retratada como lo que es: una casilla que se marca al registrarse.

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