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En la IA ya no se compran empresas, se ficha a sus equipos y se deja atrás todo lo demás

Disney se ofrece a contratar a la mayoría de la plantilla de Character.AI tras su quiebra. Es el último ejemplo de un modelo que protege al comprador y deja a usuarios, empleados y reguladores ante una empresa vacía.

Mustafa Suleyman, cofundador de Inflection y hoy responsable de Microsoft AI
Imagen: Christopher Wilson · CC BY-SA 4.0

Character.AI se declaró en quiebra la semana pasada y Disney ya ha presentado una oferta pensada más para su gente que para la empresa. Se ofrece a contratar a la mayoría de la plantilla (al menos 60 personas, con un coste salarial estimado de 60 millones de dólares al año) y a pagar 20 millones por una licencia sobre parte de su tecnología, según los documentos judiciales que recoge TechCrunch. Karandeep Anand, que dirigía Character.AI hasta septiembre, ya es el primer director de tecnología de Disney. Los detalles de la operación están en nuestra noticia sobre la quiebra de Character.AI y la oferta de Disney.

Es la última versión de una fórmula que la IA ha convertido en método, el acqui-hire. Las grandes tecnológicas ya no compran los laboratorios que les interesan. Contratan a quienes los hacen funcionar, pagan una licencia por su tecnología y dejan que la empresa siga existiendo sin ellos. Creo que este modelo traslada el riesgo del comprador a los usuarios y a los empleados que se quedan, y deja sin función el control de fusiones. Los reguladores deberían tratarlo como lo que es, una compra.

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Cómo se compra una empresa sin comprarla

Microsoft abrió el camino en marzo de 2024. Fichó a Mustafa Suleyman y a Karén Simonyan, cofundadores de Inflection, y a unos 70 empleados más para crear su división Microsoft AI. Además pagó a Inflection unos 650 millones de dólares por una licencia de sus modelos, según Reuters. Inflection siguió abierta, pero sin el equipo que había construido su chatbot.

En agosto de 2024 le tocó a Character.AI por primera vez. Sus fundadores, Noam Shazeer y Daniel De Freitas, volvieron a Google con varios investigadores, y Google obtuvo una licencia no exclusiva de sus modelos que, según The Wall Street Journal, le costó unos 2.700 millones de dólares. La mayoría de la plantilla se quedó en Character.AI para mantener la aplicación.

En 2025 las cifras crecieron. Google pagó 2.400 millones de dólares en licencias a Windsurf, que hace herramientas de programación con IA, y se llevó a su consejero delegado, Varun Mohan, y a parte del equipo, según Reuters. Meta compró el 49 % de Scale AI por unos 14.300 millones, según fuentes citadas por la misma agencia, y fichó a su consejero delegado, Alexandr Wang, para su proyecto de superinteligencia.

Alexandr Wang, fundador de Scale AI, durante el encuentro The Grove de 2022
Imagen: Village Global · CC BY 2.0
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Quién gana y quién se queda con la empresa vacía

El comprador se lleva lo que quiere y deja lo que le estorba, y Character.AI lo muestra dos veces. En 2024, Google recuperó a los fundadores y la tecnología, mientras la empresa conservaba la aplicación, los usuarios y los problemas. Entre ellos había varias demandas de familias relacionadas con la protección de menores, de las que la compañía acordó cerrar cinco este año, según CNN. Contratar a la plantilla no obliga a Disney a asumir esas demandas ni las deudas, que se quedan en la empresa en quiebra.

Los usuarios apenas cuentan en estos acuerdos. La oferta de Disney mantiene la aplicación en marcha durante el proceso, y Character.AI dice que la cerrará si nadie la compra antes de fin de año. Ninguno de los documentos publicados explica qué pasará entonces con las conversaciones, a menudo íntimas, que millones de personas han escrito durante años.

Tampoco salen bien parados quienes se quedan dentro. Windsurf tenía unas 250 personas cuando Google se llevó a sus directivos, y las que llevaban menos de un año no recibieron nada del pago de Google, según recogió TechCrunch. Cognition compró lo que quedaba y repartió dinero entre todos, pero porque quiso. En Scale AI, semanas después de recibir el dinero de Meta, la empresa despidió a 200 empleados y prescindió de 500 colaboradores externos, como recuerdan tres senadores estadounidenses en una carta a la FTC y al Departamento de Justicia.

Los grandes inversores, en cambio, suelen cobrar. En Windsurf, la licencia de Google les dio liquidez sin obligarles a vender sus participaciones, según Reuters. Quienes negocian el acuerdo salen ganando y el riesgo recae en quienes no estaban en esa mesa, como los usuarios, los empleados sin oferta y los pequeños accionistas, cuya parte depende de que la empresa vaciada todavía valga algo.

Edificio de la sede de Google en Mountain View (California), el Googleplex, con su fachada acristalada
Imagen: Asoundd · CC BY-SA 4.0
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Los reguladores llegan cuando el equipo ya se ha ido

En Estados Unidos, una compra de más de 133,9 millones de dólares debe notificarse a la FTC y al Departamento de Justicia antes de cerrarse para que puedan frenarla. Un fichaje con licencia no se presenta como compra, y el presidente de la FTC, Andrew Ferguson, admitió en enero de este año que algunas tecnológicas habían cerrado estos acuerdos sin notificarlos, según el análisis del bufete Mintz.

Las revisiones llegaron cuando el equipo ya trabajaba para el comprador. La FTC pidió documentos a Microsoft y a Inflection en junio de 2024, tres meses después de los fichajes. El Departamento de Justicia empezó a examinar el acuerdo de Google con Character.AI en 2025, según adelantó Bloomberg y recogió Verdict. La autoridad de competencia británica, la CMA, fue la única que resolvió. En septiembre de 2024 decidió que el pacto de Microsoft con Inflection era una fusión, porque tras el traspaso de empleados «dos empresas ya no son distintas», y lo aprobó porque Inflection no competía con fuerza. Esa resolución llegó seis meses después de los fichajes, cuando ya no podía cambiar nada.

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El mejor argumento a favor

La defensa del modelo tiene fuerza. Prohibir que una empresa contrate a un equipo entero perjudicaría sobre todo a los trabajadores, y muchas de estas startups no iban a sobrevivir solas. La licencia de Google dio a Character.AI dinero para seguir dos años más.

Nadie propone limitar la libertad de un ingeniero para cambiar de empresa. El problema aparece cuando una compañía se queda con el equipo que hacía funcionar un producto y con permiso para usar su tecnología, pero sin la revisión ni las obligaciones que tendría si comprase la empresa. AMD, por ejemplo, acordó comprar World Labs por 8.200 millones de dólares y tiene que esperar a los reguladores para cerrarla. Si hubiera repartido esa cantidad entre sueldos y una licencia, no habría tenido que esperar a nadie.

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Qué debería cambiar

Propongo dos reglas. La primera es que, cuando una empresa contrate a los fundadores o a la mayor parte del equipo técnico de otra y además pague por su tecnología, el acuerdo se notifique como una compra, con el mismo umbral y los mismos plazos. Es el criterio de la CMA con Inflection, y la guía que Ferguson ha dicho que podría publicar la FTC debería recogerlo sin rodeos.

La segunda protege a los usuarios. Si un acuerdo deja sin equipo a un servicio que guarda datos personales, el comprador debería garantizar que cada usuario pueda descargar sus conversaciones o pedir que se borren antes de que el servicio cierre o cambie de manos. En Europa el RGPD ya reconoce esos derechos, pero sirven de poco si la empresa que debe atenderlos entra en quiebra y su equipo trabaja ya para otra.

Disney puede ofrecer trabajo a quien quiera. Pero quien se lleva al equipo que sostiene un servicio usado por millones de personas debería cargar también con la obligación de no dejarlas sin respuesta. Mientras los reguladores no lo exijan, la forma más barata y segura de comprar una empresa de IA seguirá siendo no comprarla.

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