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Apple demanda a OpenAI por robarle secretos y OpenAI contesta con dureza: la demanda está «podrida hasta la médula»

La respuesta de OpenAI a la demanda de secretos comerciales de Apple es una moción de desestimación que remata con un juego de palabras a costa de la manzana. De fondo, dos exingenieros fichados, los futuros cacharros de IA de Jony Ive y una vista fijada para el 1 de octubre.

Los logotipos de OpenAI y Apple enfrentados sobre un fondo oscuro
Imagen: OpenAI / Apple / Montaje de INSERT FUTURE
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De qué va la guerra: dos fichajes y una acusación de robo

Para entender el golpe hay que rebobinar un mes. El 10 de julio, Apple demandó a OpenAI acusándola de robo de secretos comerciales, y señaló con nombre y apellidos a dos exempleados que se llevó la compañía de Sam Altman: Tang Tan, exvicepresidente de la casa y hoy pieza clave del hardware de OpenAI, y el ingeniero Chang Liu. Según Apple, Liu se quedó su portátil corporativo y descargó archivos confidenciales, y Tan retuvo documentación interna que no debía conservar.

¿Y para qué querría OpenAI esos secretos? Ahí está el corazón del pleito: los futuros dispositivos de IA que la compañía prepara con Jony Ive, el legendario exdiseñador jefe de Apple. Cupertino sostiene que su antiguo talento está construyendo esos cacharros con conocimiento que salió de sus laboratorios. Vamos, que esto no es un pleito cualquiera: es Apple acusando a OpenAI de levantarle el futuro con sus propios planos. Y las dos compañías saben que el que acierte primero con ese formato se lleva la próxima década.

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La respuesta de OpenAI: un zasca en lenguaje jurídico

Pues bien, el 6 de agosto OpenAI contestó pidiendo al juez que tire la demanda a la basura, y lo hizo con una agresividad poco habitual en un escrito legal. Su argumento central: «OpenAI no tiene uso, necesidad ni deseo alguno de los secretos comerciales de Apple. OpenAI está construyendo algo completamente nuevo y diferente de cualquier cosa que haya en Apple». Sobre los documentos de Tan, la defensa es casi irónica: dice que los conservó precisamente para asegurarse de que los recién llegados desde Apple cumplían los procedimientos de salida… de Apple.

Y luego está el remate, que ya circula por todas partes. La moción acusa a Apple de presentar una demanda «sin investigación adecuada, construida sobre comunicaciones extraídas selectivamente y conducta ordinaria despojada de contexto», para cerrar con puntería de francotirador: la demanda de Apple está, «tomando prestada su propia expresión, podrida hasta la médula». Rotten to its core, con la manzana de por medio. El becario de comunicación no escribió esa frase: la escribió alguien que quería titulares, y los ha conseguido.

Sam Altman y el logotipo de Apple, protagonistas del enfrentamiento legal
Imagen: OpenAI / Apple
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Lo más surrealista: se demandan… y siguen siendo socios

Aquí viene mi parte favorita, porque retrata a la perfección la era que vivimos. Mientras sus abogados se tiran los trastos, ChatGPT sigue integrado en Siri y la alianza comercial entre ambas continúa en pie. Es decir: Apple acusa a OpenAI de robarle el futuro por la mañana y le confía el cerebro de su asistente por la tarde. En cualquier otra industria esto sería un divorcio; en la IA de 2026 es un martes normal. Ninguna de las dos puede permitirse romper: Apple necesita un ChatGPT que Siri no sabe ser, y OpenAI necesita los mil millones de bolsillos donde vive el iPhone.

La cosa, eso sí, tiene fecha de ebullición: el 1 de octubre hay vista para las peticiones de Apple, que quiere medidas cautelares y acceso anticipado a pruebas. Ojo también al contexto: OpenAI viene de una racha de músculo —acaba de presumir de Astra resolviendo problemas matemáticos imposibles— y la competencia aprieta, con Google reordenando toda su cúpula de IA. Nadie quiere frenar ahora.

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Mi lectura: esto va de hardware, no de papeles

Mi apuesta, firmada: este pleito no va de unos documentos de offboarding, va de miedo. Apple llega tarde a la IA y lo sabe; OpenAI está fichando a sus mejores ingenieros de hardware para construir, con Jony Ive, el primer dispositivo que podría hacer sombra al iPhone en una década. La demanda es, entre otras cosas, una forma de meter arena en ese engranaje y de mandar un aviso a los siguientes que piensen en cambiar de acera.

¿Se resolverá antes de que veamos el cacharro de OpenAI e Ive? Lo dudo mucho: estos pleitos se miden en años y los lanzamientos, en meses. La primera pista real la tendremos el 1 de octubre, cuando el juez decida si Apple consigue sus cautelares. Si las consigue, el hardware de OpenAI tiene un problema serio; si no, esta demanda empezará a oler a lo que OpenAI dice que es. Apunta la fecha, que volveremos a ella.

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