Marvel’s Wolverine nos deja una impresión positiva. Su propuesta tiene atractivo de sobra: un Logan contundente, acción sin demasiados rodeos y una presentación que da peso a cada personaje. Lo que nos frena a la hora de valorarlo está en cómo desarrolla esas virtudes. El combate podría ofrecer más profundidad y las misiones necesitan conceder más iniciativa.
Nuestro 7,5 reconoce ambas cosas. Las garras tienen fuerza y la aventura merece atención, pero el espectáculo no consigue disimular siempre lo mucho que se parecen algunas de sus soluciones. Wolverine funciona mejor cuando permite aprovechar las capacidades de Logan que cuando se limita a conducirlo hasta la siguiente pelea.
Repartir zarpazos tiene su gracia. Mantenerla requiere algo más
Insomniac entiende que el combate debe dar protagonismo a las garras. Los ataques rápidos, las habilidades especiales y los remates violentos construyen una acción accesible, capaz de resultar vistosa sin exigir que memoricemos un repertorio interminable de combinaciones. Nos parece un buen punto de partida para un personaje que necesita transmitir contundencia.
Hay decisiones que ayudan a evitar que todo se reduzca a atacar. Una defensa puede exigir una patada, un comandante puede convertirse en el objetivo prioritario y un inhibidor puede bloquear temporalmente las habilidades. Esos elementos del combate introducen prioridades y dan sentido a mirar qué tenemos delante antes de lanzarnos contra el grupo.
Nuestra reserva está en cuánto crece el sistema alrededor de esas ideas. Las mejoras amplían el repertorio, pero la progresión tiene una profundidad limitada. Un movimiento más espectacular suma atractivo sin cambiar necesariamente la forma de abordar un enfrentamiento.
Ahí Wolverine podría dar bastante más de sí. No le pedimos una dificultad extrema ni un examen de habilidad en cada pelea. Nos gustaría que las nuevas herramientas obligaran a revisar más a menudo lo que ya sabemos hacer. La diferencia importa, porque una acción puede seguir siendo contundente y empezar a resultar demasiado previsible.

Una campaña más directa, con demasiadas instrucciones
La apuesta por una aventura lineal nos parece acertada. Permite cambiar de escenario, concentrar la acción y colocar una persecución o un enfrentamiento donde más convenga. Logan no necesita una ciudad llena de iconos para sostener su propio juego.
Esa estructura también hace más visibles las transiciones que aportan poco. Las ayudas constantes y las restricciones al recorrido reducen las oportunidades de descubrir cómo avanzar por cuenta propia. Una misión puede tener un destino perfectamente claro y aun así permitirnos decidir qué camino seguir o cómo resolver un obstáculo.
Los sentidos de Logan son una idea especialmente apropiada para investigar. Por eso le pediríamos más a su uso que orientarnos hacia el siguiente objetivo. Interpretar una pista aprovecha mejor al personaje que seguir una indicación, y esa diferencia ayudaría a dar interés a los momentos entre combates.
Las actividades opcionales tampoco compensan del todo la falta de variedad. Los desafíos tienen una función dentro de la progresión, pero apartarse del recorrido principal debería ofrecer algo con más personalidad. Añadir tareas no basta si terminan pidiendo acciones demasiado parecidas a las de la campaña. Nuestra cobertura de las primeras previews de Wolverine ya recogía el debate sobre su estructura.
Logan tiene presencia, aunque la historia sea irregular
El pasado del protagonista permite desarrollar algo más que su capacidad para hacer daño. Su vulnerabilidad importa porque da contexto a la violencia y abre espacio para una historia que no dependa únicamente de presentar enemigos cada vez más resistentes.
Las interpretaciones son uno de los puntos fuertes de Wolverine. La voz, las expresiones y el trabajo sobre los personajes ayudan a sostener esa dimensión humana. Logan tiene presencia incluso cuando las garras dejan de ocupar el centro de la escena.
La historia nos convence menos como conjunto. Su desarrollo desigual limita lo que puede conseguir con un protagonista tan atractivo. Una buena interpretación puede dar fuerza a un momento sin convertir automáticamente el resto del relato en algo igual de interesante.
La presentación sí aporta un argumento sólido a favor. Los escenarios tienen identidad y el detalle de los personajes refuerza la ambición cinematográfica. Es una virtud que merece reconocimiento, aunque cambiar el aspecto de una misión no cambie necesariamente lo que hacemos dentro de ella. Si te interesa la consola temática, nuestra pieza sobre la PS5 edición limitada de Wolverine detalla sus diseños y accesorios.

Un 7,5 porque sus virtudes pesan, y sus límites también
Nos quedamos con una valoración positiva de Marvel’s Wolverine. Tiene argumentos para recomendarlo a quien busque acción directa, una aventura centrada en Logan y una puesta en escena cuidada.
Para llegar más lejos necesita desarrollar mejor el combate y dar más interés a lo que sucede entre las peleas. La progresión limitada, la repetición y el exceso de dirección pesan porque afectan a las oportunidades de experimentar con el personaje.
Si buscas un sistema de acción profundo o mucha libertad para encontrar tus propias soluciones, esas carencias van a importar más. Si te atrae una campaña guiada con Logan como protagonista, Wolverine tiene suficiente calidad para merecer tu atención.
Base de esta valoración: las impresiones generales facilitadas por Víctor Muñoz Olleta y la documentación enlazada sobre combate, misiones e historia.
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